sábado, 3 de abril de 2010

Nuestro Propio Reflejo...

Después de haber atravesado un camino largo y difícil, un viajero llegó a la entrada del pueblo en el que pasaría los próximos años de su vida.
Inquieto sobre la forma de ser de la gente en ese lugar, le preguntó a un viejo hombre que descansaba recostado bajo la sombra de un frondoso árbol de cedro:
- ¿Cómo es la gente en este lugar?
-le dijo al viejo, sin saludarlo-.
Es que vengo a vivir aquí y donde yo vivía las personas eran complicadas y agresivas.

La arrogancia y la insensibilidad eran el pan de cada día.

El anciano, sin mirarlo, respondió:
- Aquí la gente es igual.

El viejo siguió reposando. El caminante prosiguió su camino.

Horas después otro viajero que también llegaba al pueblo se acercó al anciano y le dijo:

- Buenas tardes, señor, disculpe la molestia, yo vengo a vivir a este pueblo y me gustaría saber cómo es la gente, porque en donde yo vivía las personas eran atentas, generosas y sencillas.

El anciano levantó la cabeza, sonrió y le contestó:
- Aquí la gente es igual.

Nosotros, en vez de preguntarnos cómo no tratan los que nos rodean, mejor preguntarnos cómo los tratamos a ellos.
A la larga la gente se termina comportando contigo como tú te comportes con ellos.
Observemos si las actitudes de los demás con nosotros no son más que nuestro propio reflejo.

P.D.: Sólo por hoy elige pensamientos y emociones positivas. Notarás la diferencia.

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