Todos nosotros hemos tenido dificultades y mayores o menores catástrofes en nuestras vidas, como la muerte de uno o varios seres queridos, decepciones amorosas, pérdidas monetarias o de seguridad, frustraciones y fracasos. Las cuales hemos superado, en mayor o menor tiempo, con mayor o menor dificultad, en forma individual o con el apoyo de terceros, de manera consciente o inconsciente. Porque la verdad es que se nos ofrece en el camino dos alternativas principales, o nos echarnos como los caballos a esperar la inevitable muerte, o los vemos como oportunidades para cambiar y surgir con más ímpetu.
En uno u otro caso, siempre el temor aparece y nunca desearíamos que nos pasara cosas malas y desalentadoras. ¿Quién no teme por la muerte de sí mismo o de un ser querido?, ¿De perderlo todo y quedar arruinado?, ¿De perder el empleo?, ¿De perder al ser amado? Desafortunadamente, una vez superados los embates de la vida, no hemos dejado registro de la forma como nos sobrepusimos, las habilidades que desarrollamos, las bendiciones que recibimos. Siempre recordamos lo malo pero nos queda mucha dificultad para recordar lo bueno.
Si fuéramos convocados a participar de este foro para compartir la fórmula que nos ha permitido superar las dificultades que se nos han presentado en la vida, ¿qué diríamos?, las estrategias que utilizamos para convivir con la muerte, las tácticas para superar los miedos, la forma en que hemos recuperado la prosperidad financiera, las cualidades que nos han permitido elevar nuestra autoestima, las herramientas a las que hemos acudido para sobreponernos a las depresiones, cómo hacemos para seguir levantándonos todas la mañanas con ánimo y alegría, qué recursos utilizamos para ser optimistas, cómo respondemos antes las injusticias laborales o personales, a quién acudimos cuando creemos que ya no podemos más, y así sucesivamente.
Con las respuestas no se escribiría un libro sino toda una enciclopedia. Pues bien, ya es hora de recordarlo y compartirlo. Escríbanos al email que encontrará al final de este artículo, y mientras nos llegan sus recetas y recomendaciones, abordaremos las propias y las de aquellos que han dejado huella de superación y nos han dejado su legado para compartirlo. Artistas como Beethoven, presidentes como Abraham Lincoln, pintores, escultores, poetas, políticos, artesanos, deportistas, profesores, religiosos, personas como usted o yo.
Cuando hablamos de Resiliencia o capacidad de hacer las cosas bien pese a las condiciones adversas (Stefan Vanistendael), superarlas y salir fortalecido; es inevitable hablar también de Ataraxia o la fortaleza del alma frente a la adversidad (Epicuro), ese equilibrio emocional y serenidad que nos facilita encontrar la salida para no quedarnos enfrascados en los problemas. Una y otra se complementan y hasta podría decirse que se podrían fundir en una sola. Por ello, las mencionamos con carácter simplemente informativo y académico, pero lo que nos interesa es su fondo, la síntesis de la superación y su aplicación práctica.
De acuerdo con Rousseau el “hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”, y es allí donde me pregunto si es mejor aquél que no ha tocado vicio ni desgracia, comparado con el que la ha vivido y la sobrepuso. Al segundo le han quedado secuelas y al primero ni siquiera callos. Las secuelas le han modificado para bien y para mal, como al drogadicto que ha podido renacer, pero cuando no tienes ni callos en las manos con seguridad te faltará experiencia para lidiar con toros más fuertes y condiciones más adversas. Yo creo que todos debemos estar preparados para superarnos sin importar el lugar en donde nos encontremos, es tan válida la superación del fracaso como la superación del éxito, la primera entendida como la recuperación y la segunda como la preparación para el nuevo reto. En la vida y en las escuelas nos deben preparar para ser exitosos y para superar los fracasos, para ser alegres y superar la tristeza, para obtener los resultados y superar los obstáculos, para ganar y perder, para ser optimistas y revertir el pesimismo, para ser confiados y superar los miedos, para ver la verdad y superar la duda, para ser prósperos y superar la carencia.
Pero ¿cómo preparar a una niña ante una violación sin que esto haya ocurrido?, ¿cómo preparar a un ejecutivo ante una quiebra sin que esté latente?, ¿cómo preparar a un niño ante el abandono antes de que ocurra?, ¿cómo preparar a un pueblo para superar la violencia si nunca la ha padecido? Tal vez sería oportuno reformular la pregunta, ¿es conveniente preparar a las personas ante los males y adversidades, sin que estos se hayan presentado? La primera respuesta la ha dado la vacuna médica, debemos ingresar la enfermedad en las personas sanas, en forma controlada, para que ellas mismas generen sus propios anticuerpos que le permitan en un futuro luchar y vencer el mal físico. Lo mismo podríamos hacer con los males mentales, emocionales y espirituales; desarrollar vacunas para entrenar a las personas a sobreponerse a las calamidades, a las depresiones, a las quiebras, a las pérdidas de empleo, a los fracasos…
En uno u otro caso, siempre el temor aparece y nunca desearíamos que nos pasara cosas malas y desalentadoras. ¿Quién no teme por la muerte de sí mismo o de un ser querido?, ¿De perderlo todo y quedar arruinado?, ¿De perder el empleo?, ¿De perder al ser amado? Desafortunadamente, una vez superados los embates de la vida, no hemos dejado registro de la forma como nos sobrepusimos, las habilidades que desarrollamos, las bendiciones que recibimos. Siempre recordamos lo malo pero nos queda mucha dificultad para recordar lo bueno.
Si fuéramos convocados a participar de este foro para compartir la fórmula que nos ha permitido superar las dificultades que se nos han presentado en la vida, ¿qué diríamos?, las estrategias que utilizamos para convivir con la muerte, las tácticas para superar los miedos, la forma en que hemos recuperado la prosperidad financiera, las cualidades que nos han permitido elevar nuestra autoestima, las herramientas a las que hemos acudido para sobreponernos a las depresiones, cómo hacemos para seguir levantándonos todas la mañanas con ánimo y alegría, qué recursos utilizamos para ser optimistas, cómo respondemos antes las injusticias laborales o personales, a quién acudimos cuando creemos que ya no podemos más, y así sucesivamente.
Con las respuestas no se escribiría un libro sino toda una enciclopedia. Pues bien, ya es hora de recordarlo y compartirlo. Escríbanos al email que encontrará al final de este artículo, y mientras nos llegan sus recetas y recomendaciones, abordaremos las propias y las de aquellos que han dejado huella de superación y nos han dejado su legado para compartirlo. Artistas como Beethoven, presidentes como Abraham Lincoln, pintores, escultores, poetas, políticos, artesanos, deportistas, profesores, religiosos, personas como usted o yo.
Cuando hablamos de Resiliencia o capacidad de hacer las cosas bien pese a las condiciones adversas (Stefan Vanistendael), superarlas y salir fortalecido; es inevitable hablar también de Ataraxia o la fortaleza del alma frente a la adversidad (Epicuro), ese equilibrio emocional y serenidad que nos facilita encontrar la salida para no quedarnos enfrascados en los problemas. Una y otra se complementan y hasta podría decirse que se podrían fundir en una sola. Por ello, las mencionamos con carácter simplemente informativo y académico, pero lo que nos interesa es su fondo, la síntesis de la superación y su aplicación práctica.
De acuerdo con Rousseau el “hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”, y es allí donde me pregunto si es mejor aquél que no ha tocado vicio ni desgracia, comparado con el que la ha vivido y la sobrepuso. Al segundo le han quedado secuelas y al primero ni siquiera callos. Las secuelas le han modificado para bien y para mal, como al drogadicto que ha podido renacer, pero cuando no tienes ni callos en las manos con seguridad te faltará experiencia para lidiar con toros más fuertes y condiciones más adversas. Yo creo que todos debemos estar preparados para superarnos sin importar el lugar en donde nos encontremos, es tan válida la superación del fracaso como la superación del éxito, la primera entendida como la recuperación y la segunda como la preparación para el nuevo reto. En la vida y en las escuelas nos deben preparar para ser exitosos y para superar los fracasos, para ser alegres y superar la tristeza, para obtener los resultados y superar los obstáculos, para ganar y perder, para ser optimistas y revertir el pesimismo, para ser confiados y superar los miedos, para ver la verdad y superar la duda, para ser prósperos y superar la carencia.
Pero ¿cómo preparar a una niña ante una violación sin que esto haya ocurrido?, ¿cómo preparar a un ejecutivo ante una quiebra sin que esté latente?, ¿cómo preparar a un niño ante el abandono antes de que ocurra?, ¿cómo preparar a un pueblo para superar la violencia si nunca la ha padecido? Tal vez sería oportuno reformular la pregunta, ¿es conveniente preparar a las personas ante los males y adversidades, sin que estos se hayan presentado? La primera respuesta la ha dado la vacuna médica, debemos ingresar la enfermedad en las personas sanas, en forma controlada, para que ellas mismas generen sus propios anticuerpos que le permitan en un futuro luchar y vencer el mal físico. Lo mismo podríamos hacer con los males mentales, emocionales y espirituales; desarrollar vacunas para entrenar a las personas a sobreponerse a las calamidades, a las depresiones, a las quiebras, a las pérdidas de empleo, a los fracasos…
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