— Había una vez un avión, que se llamaba PRESENTE, todas las mañanas lo despertaban al rededor de las cuatro de la madrugada, una cantidad de señoras que se metían dentro de él para limpiarlo muy bien, lo dejaban impecable para después sacarlo a la pista y darle su desayuno: agua y combustible.
Ya con el amanecer estaban colocando en su sitio de carga el equipaje de las personas que viajarían, las cuales ingresaban a PRESENTE con mucho entusiasmo y deseos de tener un viaje muy confortable. Nuestro pequeño avión siempre se portaba lo mejor que podía, esperaba que ingresara su capitán y juntos se disponían a realizar un vuelo suave y placentero.
Una o dos horas más tarde estaban aterrizando en el aeropuerto de otra ciudad, donde PRESENTE esperaba pacientemente a que todos los pasajeros bajaran; en algunas ocasiones, uno que otro pasajero le daba las gracias, pero él no las esperaba, su única función era servir a los pasajeros y no esperaba el agradecimiento a cambio.
Una vez que sus pasajeros descendían, PRESENTE se quedaba muy tranquilo para que sacaran el equipaje. En ese momento era que nuestro avión se sentía totalmente satisfecho, había cumplido con su cometido, había logrado su meta y estaba listo para la siguiente, por lo que dejaba que ingresaran a él nuevamente las señoras de la limpieza para dejarlo impecable, esperaba a que le dieran agua y combustible, ingresaran el nuevo equipaje, los nuevos pasajeros y por último el capitán, quien a través de sus controles le informaba su próxima meta.
Una vez más a volar de la manera más tranquila y placentera posible.
Así transcurría la vida de PRESENTE, volando de aeropuerto en aeropuerto cada día, llevando pasajeros de un sitio a otro constantemente y cumpliendo diariamente con todas las metas propuestas. PRESENTE solamente esperaba que su capitán le dijera adónde iban y él emprendía rumbo.
Ya con el amanecer estaban colocando en su sitio de carga el equipaje de las personas que viajarían, las cuales ingresaban a PRESENTE con mucho entusiasmo y deseos de tener un viaje muy confortable. Nuestro pequeño avión siempre se portaba lo mejor que podía, esperaba que ingresara su capitán y juntos se disponían a realizar un vuelo suave y placentero.
Una o dos horas más tarde estaban aterrizando en el aeropuerto de otra ciudad, donde PRESENTE esperaba pacientemente a que todos los pasajeros bajaran; en algunas ocasiones, uno que otro pasajero le daba las gracias, pero él no las esperaba, su única función era servir a los pasajeros y no esperaba el agradecimiento a cambio.
Una vez que sus pasajeros descendían, PRESENTE se quedaba muy tranquilo para que sacaran el equipaje. En ese momento era que nuestro avión se sentía totalmente satisfecho, había cumplido con su cometido, había logrado su meta y estaba listo para la siguiente, por lo que dejaba que ingresaran a él nuevamente las señoras de la limpieza para dejarlo impecable, esperaba a que le dieran agua y combustible, ingresaran el nuevo equipaje, los nuevos pasajeros y por último el capitán, quien a través de sus controles le informaba su próxima meta.
Una vez más a volar de la manera más tranquila y placentera posible.
Así transcurría la vida de PRESENTE, volando de aeropuerto en aeropuerto cada día, llevando pasajeros de un sitio a otro constantemente y cumpliendo diariamente con todas las metas propuestas. PRESENTE solamente esperaba que su capitán le dijera adónde iban y él emprendía rumbo.
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ResponderEliminarAhora me tienes intrigado hasta ver la segunda parte. Ingenioso!!. Saludos
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