En la filosofía, como en tantas otras disciplinas, se llega a un punto donde la persona está lista para pasar de la condición de consumidor pasivo a la de productor activo. Anotar los propios pensamientos esperando que algún día la posterioridad los leerá con admiración es, en la mayoría de los casos, un acto de arrogancia, una "presunción arrogante" que ha ocasionado mucho daño en los asuntos humanos.
Pero si uno anota sus ideas como reacción a un desafío interior de expresar claramente las preguntas importantes a las que uno se siente enfrentado y trata de esbozar respuestas que lo ayuden a dar sentido a las propias experiencias, entonces el filósofo aficionado habrá aprendido a obtener el disfrute de una de las tareas más difíciles y gratificantes de la vida.
Pero si uno anota sus ideas como reacción a un desafío interior de expresar claramente las preguntas importantes a las que uno se siente enfrentado y trata de esbozar respuestas que lo ayuden a dar sentido a las propias experiencias, entonces el filósofo aficionado habrá aprendido a obtener el disfrute de una de las tareas más difíciles y gratificantes de la vida.
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