Como los cuatro ríos del Edén, que surgen de una fuente común, el ser humano cuenta con cuatro energías que manan desde su centro vital: pensamientos, emociones, deseos y necesidades.
Quienes viven desde "lo mental", lo lógico y lo racional, inevitablemente terminan asfixiados, de sus necesidades emocionales. Quien habita sólo en "lo racional" con la ilusión de mostrarse "puro" se convierte en una planta sin raíces, en semilla hueca, en sembrador de espejismos.
Así mismo, muchos descuidan el mundo material y racional, centrándose en la espiritualidad, interpretando la solicitud de "mirar cada vez más arriba" como una equivocada búsqueda de sanidad en pos del Dios exterior. Por desconocimiento o desprecio a ellos mismos, todo lo que conciben como sublime lo buscan fuera de ellos, en lo alto, imitando los ojos de esos santos de la pintura clásica que miran arrobados hacia el cielo como si allí, en el lejano firmamento, residiera, en un trono de oro y joyas, un Dios salvador y protector.
Para vivir la auténtica espiritualidad, desarrollando la fe (confianza) en nosotros mismos, debemos aprender a escuchar a nuestro Dios... interior, quien siempre se encargará de recordarnos los cuatro ríos del Edén.
Ninguna clase de sofisticación aliviará el hecho de que todo su conocimiento es sobre el pasado, mientras todas sus decisiones son acerca del futuro. - Ian Wilson -
Quienes viven desde "lo mental", lo lógico y lo racional, inevitablemente terminan asfixiados, de sus necesidades emocionales. Quien habita sólo en "lo racional" con la ilusión de mostrarse "puro" se convierte en una planta sin raíces, en semilla hueca, en sembrador de espejismos.
Así mismo, muchos descuidan el mundo material y racional, centrándose en la espiritualidad, interpretando la solicitud de "mirar cada vez más arriba" como una equivocada búsqueda de sanidad en pos del Dios exterior. Por desconocimiento o desprecio a ellos mismos, todo lo que conciben como sublime lo buscan fuera de ellos, en lo alto, imitando los ojos de esos santos de la pintura clásica que miran arrobados hacia el cielo como si allí, en el lejano firmamento, residiera, en un trono de oro y joyas, un Dios salvador y protector.
Para vivir la auténtica espiritualidad, desarrollando la fe (confianza) en nosotros mismos, debemos aprender a escuchar a nuestro Dios... interior, quien siempre se encargará de recordarnos los cuatro ríos del Edén.
Ninguna clase de sofisticación aliviará el hecho de que todo su conocimiento es sobre el pasado, mientras todas sus decisiones son acerca del futuro. - Ian Wilson -
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