sábado, 31 de julio de 2010

Intencionalmente...


Lo hacemos todo... intencionalmente
Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple, no hay otra norma:
nada se pierde, todo se transforma.
-Jorge Drexler-

Nuestra vida está inmersa en una danza de movimientos permanentes: flujos y reflujos, acciones y reacciones... materiales y espirituales. Es una relación de todos los elementos, cuya armonía muchas veces escapa a nuestros sentidos más básicos.

"Dar y recibir" es una de esas relaciones. Aunque muy conocida, no todos son conscientes de ella. Si quieres ser parte de la danza de la vida, debes participar... activamente! Si deseas algo de este mundo, si quieres recibir, es muy sencillo: genera el movimiento... y comienza por dar.

Para no tropezar en esta danza círcular del dar y recibir, es muy importante la intención que pones en ella. Si tu intención es bailar con alegría... siempre encontrarás pareja dispuesta a acompañar tu aprendizaje. Si tu intención es "pisar al otro"... pronto dejarás de bailar.

Esto funciona en todos los órdenes: en las empresas, las sociedades, las familias, los matrimonios, los países, etc... Nuestras acciones generan movimiento y la intención que ponemos bajo nuestras acciones, generan abundancia o escasez... Si quieres cambiar algo ¿qué tal si revisas tus intenciones?

1 comentario:

  1. Esto me recuerda Pedro que la teoría del caos tiene que ver con la incapacidad de predecir, con la imposibilidad de una descripción completa de los acontecimientos que generamos con nuestras decisiones. Quizás por esto algunos piensan que la vida es un quibombo dado que no existe una ley que prediga con exactitud el resultado de los sucesos al cabo de un tiempo exacto.
    Otros optamos por centrarnos en los matices, en la «sensibilidad» de las cosas y en las «reglas» sobre cómo lo impredecible conduce a lo nuevo.
    Cuando tomamos una decisión es adecuado preguntarse por sus consecuencias, porque podemos estar abriendo escenarios dispares, ligados a nuestra intención primigenia (el ‘Intento’ del viejo Juan Matus, ¿recuerdas?) pero de consecuencias insospechadas.
    Solo aceptando el presente y teniendo intenciones no egoístas para el futuro (lo llamas dar y recibir) es como nos hacemos dueños de nuestro destino.

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