La memoria de la polio 24 de octubre, Día
Mundial Contra la Poliomielitis.
Somos cuerpos
extenuados por tantos muros que hemos tenido que saltar, fatigados tras décadas
cojeando la vida. El tiempo nos trae una nueva condena en forma de Efectos
Tardíos de la Polio
Vivimos tiempos convulsos en los que algunos quisieran
desterrar la memoria, arrinconarla o negarla, olvidar que existió, pero nunca
una herida se curó echando arena sobre ella, no es sano ni ayuda a
cicatrizarla, y no lo es porque la memoria forma parte de nosotros como seres
humanos y como sociedad, es, ante todo, el alimento que nos da vida como
personas.
Los supervivientes de la polio sabemos mucho de olvido engendrado en la fragilidad
de la memoria, la que forma parte de una vieja enfermedad que ya solo “suena”
sobre los ecos del aire, una noticia añeja dictada con la voz engolada del Nodo
o el fotograma de un documental en blanco y negro.
Hoy, ese mal milenario que hizo temblar los cimientos
del mundo, está en la práctica erradicado del planeta, salvo algún caso aislado
en países del tercer mundo o en conflictos bélicos que no permiten una
vacunación estable y segura. Afortunadamente. En muy poco tiempo ya solo estará
presente en los tratados de medicina.
Por el camino, aquel virus perverso fue
cincelando sueños rotos sobre oscuros pasillos repletos de camas blancas;
piernas que eran manojillos de sarmiento de escaso vigor, vidas chiquitas que
apenas empezaban a brotar, hambrientas de cariño y de alguna cancioncilla
susurrada al oído.
Vivir el desamparo. Sentir el exilio de la ternura,
despertar cada mañana con la añoranza de un beso, la visita del cirujano y el
rosario a media tarde; y sobre todo eran las noches, aquellas noches de soledad
infinita tiritadas a la luna.
Ellos eran los niños del dolor ahogado que intercambiaban juegos por
cicatrices, aquellos tremendos surcos que cubrían sus cuerpos pequeños, y
también, casi siempre, sus almas.
Olvidar es triste, me duele que al trascurrir de los
años se pueda perder en la niebla del tiempo que todo aquello sucedió, que hubo
mucho sufrimiento porque un dictador nunca supo conjugar las palabras compasión
y justicia: ocho años negando un mal que existía, silenciando la vacuna
que protegía nacidos de un destino cruel de padecimiento y discapacidad;
catorce mil llantos, dos mil lutos; infancias quebradas por la desidia de un
régimen que caminaba bajo palio.
Y me apena la ingratitud del hoy, el desaliento que en
ocasiones provoca esta democracia tan ligera a la indiferencia. Somos cuerpos
extenuados por tantos muros que hemos tenido que saltar, fatigados tras décadas
cojeando la vida.
Ahora, el tiempo nos ha traído una nueva condena en
forma de Efectos Tardíos de la Polio y Síndrome Postpolio que nos van
apagando en la simple madurez, secuelas que parecen no tener fin de una
enfermedad que siempre fue mala compañera de viaje. El resultado: marginación
laboral, exiguas pensiones y, en muchas ocasiones, también la exclusión social.
El resultado: marginación
laboral, exiguas pensiones y, en muchas ocasiones, también la exclusión social.
Los supervivientes de la polio somos parte de la
Memoria Histórica de este país porque el daño que nos marcó vino del gobierno
de España por su negligencia; aunque fuera el de aquella España.
¿Para cuándo un reconocimiento oficial, alguna disculpa institucional?
La memoria se va extinguiendo si no hay luz que la
ilumine, si no existen voces que la mantengan viva.
Un año hace que mi padre se fue para siempre, y un mes que mi madre marchó
junto a él. Ellos guardaban los recuerdos y abrieron mi memoria. Este escrito
va por ellos, por todos los padres heroicos que supieron transformar miedo y
dolor por esperanza, que nunca abandonaron porque su lucha, su auténtica
felicidad era vernos caminar, acompañarnos en el esfuerzo con la serenidad y la
entereza que solo saben mostrar las personas nobles y buenas. Nunca habrá
agradecimiento suficiente.
Ahora, su memoria queda en mí y yo no puedo, no deseo olvidar.
Este escrito va por ellos, por todos los padres
heroicos que supieron transformar miedo y dolor por esperanza, que nunca
abandonaron
Quizás es por eso que me duele pensar que cuando sea
yo el que se vaya, cuando todos nosotros, los Niños de la Polio, nos hayamos
ido y seamos solo una rancia fotografía del pasado ¿Quién nos recordará?
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