jueves, 21 de noviembre de 2019


HISTORIA DE LA DISCAPACIDAD (IV)

4. ASOCIACIÓN NACIONAL DE INVÁLIDOS CIVILES (ANIC)

En una entrevista de los años setenta al presidente de la ANIC, Anastasio de la Calle, reconoció la gran importancia que había tenido la presión de las asociaciones para la aprobación de la ley de 1940 que reguló el “Asociacionismo de los inválidos del trabajo”. (9)

Según dicha entrevista, estas asociaciones estuvieron formadas, casi completamente, por personas carentes de recursos y faltos de preparación, lo que les impedía conseguir o desarrollar una profesión o medio de vida estable.
En consecuencia, el primordial objetivo de los asociados fue encontrar una solución a su situación laboral, en lo que comprendían que era la vía directa para acabar con sus problemas económicos y con la discriminación. El trabajo era el camino para demostrar la validez que su propia definición les negaba.
Ya en los años cuarenta algunos representantes de las llamadas asociaciones de inválidos se pusieron en contacto con la ONCE, con la intención de desarrollar un proyecto similar. Desde el principio, la venta del cupón, y su exclusividad otorgada a la ONCE, fue objeto de enfrentamiento entre los dos colectivos, ya que la prohibición de las rifas había afectado a muchas asociaciones. Cuando las organizaciones de personas con diversidad funcional intentaron realizar un proyecto similar a la ONCE, la cesión de derechos sobre el cupón salió a debate. La ONCE se negó rotundamente a perder su exclusividad, aunque en contraposición, desde su fundación, incorporó como vendedores a algunas personas mayores o personas con diversidad funcional física. (10)
No obstante, aunque la ONCE no compartió el cupón, si insistió en la exportación de su modelo de autofinanciación, que según su filosofía era considerado el único modelo válido de supervivencia. En 1947, tras una reunión de una comisión de personas con diversidad funcional física y la ONCE surgió un plan para la creación de un organismo de Inválidos Civiles, que el propio Javier de Tovar, presidente de la ONCE, llevó a la Dirección General de Beneficencia. En dicho plan estuvo el germen de la posterior Asociación Nacional de Inválidos Civiles, aunque la asociación no se constituyó hasta más de una década después. El plan, publicado en la prensa junto a una entrevista al Jefe de la ONCE, constaba de dos fases. La primera fase consistía en la proliferación de asociaciones provinciales que se debían fundar en función de la Ley de 1940.
En una segunda fase, estas asociaciones se debían unir, para constituir una asociación nacional. Sin embargo, a lo largo de la siguiente década las asociaciones de personas con diversidad funcional obtuvieron pocos éxitos y escasa relevancia social. En 1953, una organización de Barcelona empezó a movilizarse para poner en marcha el estancado proyecto de la organización nacional, y para ello inició contactos con otras asociaciones. Un año después, el 3 de diciembre de 1954 las organizaciones recibieron la noticia del Consejo de Ministros de que se había decidido ocupar de la Organización Nacional de Inválidos. En el III Congreso Nacional de Trabajadores se aprobó una moción por la que se pidió que la futura organización quedase encuadrara en la Organización Sindical. (11)
Con ello se dio comienzo a una competición por el control de la ANIC, entre el Ministerio de Interior y el Ministerio del Trabajo, que se comprende dentro de las luchas de poder de las diferentes familias del Régimen y tuvo importantes consecuencias sobre la concepción y el desarrollo de la ANIC. La Organización Sindical, con la ideología falangista en la base, ofrecía a la ANIC un espacio más relacionado con el ámbito laboral, unida a la concepción de la unión social y la solidaridad comunitaria obligatoria.

En cambio, el Ministerio de Interior, relacionado con los llamados tecnócratas, pretendía adscribir la ANIC dentro de la beneficencia, de acuerdo con un reforzamiento del concepto religioso de la caridad. Mientras tanto, a lo largo de los años cincuenta, se fueron creando organizaciones provinciales de Inválidos.
De las cinco iniciales pasaron a mediados de los años cincuenta al número de 32. Entre el 7 y 17 de junio de 1956 se juntaron 60 delegados de entidades y comisiones relacionadas con la diversidad funcional física en el I Congreso Nacional de Inválidos Civiles y del Trabajo.
De los resultados del congreso podemos ver la clara preponderancia del tema laboral, y la inspiración en el modelo de la ONCE. Los participantes al congreso señalaron, en una visita al secretario General Arrese, que no deseaban “ser una carga a la sociedad sino unos productores más para el engrandecimiento de nuestra nación” (12).
Así quedó también patente en las intervenciones que hicieron algunos de los afectados a la prensa:
No queremos ser una carga social ni vivir de la benevolencia familiar, de la caridad estatal o de la lástima de las gentes. Queremos reincorporarnos a la vida activa, trabajar, ser útiles a la comunidad. Que nadie crea que invalidez es sinónimo de incapacidad total. Para la falta de un miembro tenemos otros; para la falta de todos, la mente. La acepción “inválido” es falsa, aunque aceptada en atención a su uso universal (GÓNGORA GARCÍA, 1957:6).
Sin embargo, a pesar de esta predisposición, cuando por fin se fundó la Asociación Nacional, y al contrario que la ONCE, se financió mediante ayudas públicas y directas. Por otra parte, también fracaso el proyecto de integrar a la ANIC en el Ministerio de Trabajo, siendo finalmente adscrita al Ministerio de Gobernación. Por lo tanto, la asociación nació como un organismo integrado dentro de la Beneficencia, dependiente de estas partidas públicas arbitrarias e indefinidas. Tras la celebración del congreso empezaron a formarse en las provincias donde aún no existían la Comisión Organizadora Provincial de Inválidos Civiles y del Trabajo. Para ello se informó tanto por prensa como por radio de la inminente creación de la comisión y se exhortó a todos los “inválidos” a seguir las instrucciones con el fin de elaborar un censo. En las notas informativas se insistió que a la futura organización podrían inscribirse “todos los inválidos, cualquiera que sea la procedencia de su invalidez, sin distinción de sexo o posición social” (13), quedando sólo excluidos los “invidentes, sordomudos y los enfermos mentales”. (14)
La asociación incluyó desde sus orígenes a las mujeres, que representaron aproximadamente un cuarto del número total de afiliados. Sin embargo, a pesar de la inclusión de las mujeres al servicio, su visualización como miembros de la asociación fue nula. La Asociación Nacional de Inválidos Civiles, conocida como ANIC, fue regulada por la Orden Ministerial de 29 de marzo de 1958, sin embargo, no quedó realmente constituida hasta tres años después. Con el nacimiento de la asociación nacional, el Estado determinó la fusión de todas las asociaciones preexistentes y, además, cerró la puerta a la creación de nuevas asociaciones. (15).

De esta manera, casi veinte años después de su planteamiento inicial quedó constituida la ANIC. A pesar de que el retraso muestra la falta de fuerzas y apoyo, su definitiva aprobación también es señal de un cierto respaldo de diversos organismos públicos.
Según autores como Bergaín, una de las razones por las que el Gobierno franquista apoyó la ANIC, fue el intento de acabar con la mendicidad en las calles, tan usual entre el colectivo de personas con diversidad funcional (BRÉ GAIN, 2013: 219).
A esto también deberíamos añadir el problema de los republicanos afectados por la Guerra Civil que, junto con el gran número de accidentados laborales, conformaban un colectivo relativamente peligroso sin encuadrar.
Por otra parte, la ANIC también recibió el apoyo de la ONCE lo que se entiende, según autores como Ferreiro Blanco, por la esperanza que tenía la ONCE de que, con la creación oficial y gubernamental de la ANIC, se pondría fin a las rifas ilegales que había denunciado en diferentes ocasiones, y que atentaba directamente contra sus intereses (FERRERO BLANCO, 1999). La asociación nacional estuvo organizada por sedes provinciales, que a principio de los años setenta llegaron a contar un total de 50 delegaciones provinciales y 700 locales. (16)
En cuanto al número de afiliados, según publicó la prensa, a mediados de los años sesenta había unos 90.000 afiliados, lo que, según los mismos medios, solo constituía un 10% de la población potencial. (17)
Esta falta de participación, a pesar de las grandes necesidades del colectivo, nos demuestra la escasa influencia de la asociación. El principal fracaso de la organización fue precisamente en el ámbito que más había intentado influir, es decir, el empleo.
La ANIC no consiguió poner en marcha un proyecto tan estable y exclusivo como el del cupón de la ONCE. Su proyecto principal, el de “guardacoches”, tuvo una implantación y un éxito desigual dependiendo de las provincias.
Como ejemplo de estas dificultades podemos señalar el caso de Almería. Ya a principios de los años sesenta, el 10 de diciembre de 1960, el Ayuntamiento de la capital cedió la posibilidad de organizar un servicio de guardacoches para que la asociación provincial diera trabajo a unos cuantos afiliados. (18)
Sin embargo, y a pesar del apoyo de un columnista de la prensa local, tres años después el servicio seguía sin ponerse en marcha. (19)
En 1963 la asociación ya contaba con los trabajadores, las ticketeras y los trajes, pero supuestas cuestiones técnicas dejaron en suspenso el proyecto. (20)
Fuera de la empresa de guardacoches, la ANIC intentó fomentar otras salidas laborales para sus asociados, con la propuesta de industrias de artesanías, tales como un taller de confección que se consideró en Almería. (21)

Por otra parte, con este mismo objetivo, la ANIC creó diversos programas de formación profesional, que se impartieron en el centro “Nuestra Señora del Carmen” en Madrid, en el centro femenino del “Santísimo Cristo de la Salud” en Toledo y, ya posteriormente, en Centro “Santa María de la Esperanza” en Jaén. (22)
Las temáticas de los cursos fueron muy variadas, tales como, cableadores de electrónica, electricidad del automóvil, montadores y reparadores de electrodomésticos, imprenta, carpintería, mecánicos de prótesis dental, confección de calzado ortopédico y tejedoras de alfombras de artesanía. (23)
Sin embargo, en la práctica, muy pocos asociados consiguieron un puesto de trabajo a través de la asociación, y los que lo hicieron, en su mayor parte fueron en puestos de administración de la propia organización. (24)
Además de las ayudas al empleo y a la formación, que también se potenció con becas para estudiar a distancia, la asociación repartió material ortopédico entre los asociados. (25)
Este reparto se realizó, sobre todo en los primeros años, acompañado del usual estilo propagandístico y ceremonial del franquismo. (26)
En cuanto a la educación infantil y juvenil, ámbito en el que no desarrolló mucha actividad, lo más destacado fueron los campamentos, que a partir de la experiencia piloto de 1960 en Gandario (La Coruña), y debido al gran éxito, se repitieron anualmente. En 1972 se dio el paso para crear un campamento femenino en colaboración con la Sección Femenina. (27)
Por último, la ANIC también influyó decisivamente en la aprobación de algunas medidas administrativas que ofrecieron algunas ventajas económicas para los asociados, tales como la exención del pago del impuesto de lujo sobre los vehículos. (28)
También, como nos muestra el estudio local, los dirigentes provinciales consiguieron en ocasiones presionar para neutralizar algunas de las medidas discriminatorias de la época. Esto es lo que ocurrió en Almería, donde José Gómez Amate, futuro presidente de la potente asociación Verdiblanca, fue discriminado en una oposición a la administración sanitaria para la que estaba de sobra cualificado. En una entrevista Gómez Amate recuerda:

... conseguí que me admitieran y tuvo mucho que ver un señor (...) Alonso Gómez Blesa, [quién] aparte de ser funcionario de la Administración, era el director delegado de aquella sociedad de inválidos civiles...yo tenía una licenciatura, la había hecho en Madrid, y esa persona salió en defensa mía, y ahí pase el reconocimiento médico y después las oposiciones. (29)

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