3. ORGANIZACIONES Y ASOCIACIONES DEL PRIMER FRANQUISMO
Las dos organizaciones más importantes del franquismo relacionadas con la diversidad funcional, Organización Nacional de Ciegos (ONCE) y el Cuerpo de Caballeros Mutilados por la Patria, surgieron muy pronto, aún en el periodo de guerra. La ONCE había empezado a gestarse mucho antes de la guerra, y desde entonces tuvo un objetivo bastante claro, que fue la creación de un espacio laboral protegido al alcance de las personas con discapacidad visual. A pesar de la irrupción de la guerra civil, los interesados en la creación de la organización continuaron sus contactos con las instituciones públicas, esta vez con el bando nacional y en ese contexto llegaron a un acuerdo que les otorgó la exclusividad de la venta del cupón. Este privilegio dio, por un lado, una importante ventaja laboral a las personas con discapacidad visual, quienes tradicional mente habían estado siempre vinculados a la mendicidad y a la pobreza. Por otro lado, la venta del cupón otorgó a la ONCE un carácter único, ya que la convirtió en una institución económica independiente, y por tanto diferenciada del resto de instituciones benéficas del Franquismo. Esta independencia económica le permitió desarrollarse de manera relativamente autónoma, aunque su institucionalización dentro del sistema dictatorial influyó claramente en la organización, que absorbió los principios franquistas, no tanto en sus bases constitucionales, como en su sistema organizativo y administrativo. En su origen, para los creadores de la ONCE, la venta del cupón debía ser una vía de escape primaria y urgente que sacase al colectivo de la indigencia, mientras que se desarrollaban otras alternativas. En consecuencia, desde sus orígenes la ONCE planteó la necesidad de un sistema educativo propio, que pronto contempló la enseñanza en diferentes niveles, incluido el universitario. Dentro de las diversas opciones laborales que manejó la organización, estuvo el impulso de diversos tipos de empresas, generalmente de carácter artesanal, en las que se empleaban exclusivamente a personas con discapacidad visual.
También se desarrollaron otros proyectos como la formación de telefonistas o el intento de recuperación del colegio de fisioterapeutas. No obstante, en las primeras décadas el cupón, gracias a su monopolio, fue la única empresa que realmente prosperó, hasta el punto de que dejó de ser visto como un plan a corto plazo.
Hacía los años sesenta, y con la llegada de una nueva generación, la venta del cupón perdió paulatinamente su prestigio, y las personas con discapacidad visual empezarían a demandar dentro de la organización el impulso de nuevas salidas laborales.
Otra de las instituciones tempranas surgidas en torno a la diversidad funcional fue el Cuerpo de Caballeros Mutilados por la Patria. Este organismo tenía como misión principal ayudar a los soldados del bando nacional afectados físicamente por la guerra. Uno de los aspectos que atendía el organismo era precisamente la reinserción laboral, y así algunos de los integrantes de la asociación accedieron a puestos de trabajo, que en su mayoría fueron cargos públicos. No obstante, uno de los principales objetivos de este organismo fue la labor representativa e ideológica, pues sus integrantes eran héroes de guerra que recordaban a la sociedad los sacrificios hechos por la Nueva Patria.
En los diversos actos conmemorativos del Régimen, el Cuerpo de Caballeros Mutilados por la Patria ocupó un lugar privilegiado, aunque siempre fuese más propagandístico que real. Sin embargo, con el paso del tiempo y los cambios del franquismo desapareció esta faceta representativa, y el Cuerpo de Caballeros Mutilados de la Patria, quedó relegado a ser una mera institución de carácter benéfico, con escasa o nula influencia sobre la evolución política y social en relación con la discapacidad.
Los dos organismos citados anteriormente, tan solo representaron a una parte reducida del colectivo de personas con diversidad funcional, y sus relativos beneficios estaban por tanto solo destinados a un número reducido de los posibles interesados.
En consecuencia, desde muy temprano se crearon movimientos asociativos que pretendían llenar el vacío, o bien recuperando el movimiento asociativo de los años de la República, o bien creando nuevas organizaciones al estilo de la ONCE. La presión de los interesados llevó a la aprobación por parte del Ministerio de Gobernación de la orden de 8 de noviembre de 1940, sobre regulación de Asociaciones de Inválidos del Trabajo. (8)
Con dicha ley se abrió un espacio legal para la creación de asociaciones benéficas, aunque en la práctica los resultados fueron muy lentos y escasos. De hecho, como veremos con más detalle, la Asociación Nacional de Inválidos Civiles, tardaría casi dos décadas en institucionalizarse.
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