miércoles, 21 de abril de 2010

UN HERMOSO CUENTO PARA REFLEXIONAR

Hace varios años una maestra de escuela pública fue contratada para visitar a niños internados en un gran hospital de la ciudad. Su tarea era guiarlos en sus deberes a fin de que no estuvieran muy atrasados cuando pudieran volver a casa.

Un día esta maestra recibió una llamada de rutina pidiéndole que visitara a un niño en particular. Tomó el nombre del niño, el del hospital y el número de la habitación. La maestra del otro lado de la línea le dijo:

- Ahora estamos estudiando sustantivos y adverbios en clase. Le agradecería si lo ayudara con sus deberes, así no se atrasa respecto a los demás.

Hasta que la maestra no llegó a la habitación del niño, no se dio cuenta de que se hallaba ubicada en la unidad de quemados del hospital. Nadie la había preparado para lo que estaba a punto de descubrir del otro lado de la puerta. Antes de que le permitieran entrar, tuvo que ponerse un delantal y una gorra esterilizada por la posibilidad de infección. Le dijeron que no tocara el niño ni la cama. Podía mantenerse cerca pero debía hablar a través de la máscara que estaba obligada a usar.

Cuando por fin terminó de lavarse y se vistió con las ropas prescritas, respiro hondo y entró en la habitación. El chiquito terriblemente quemado, sufría mucho a ojos vistas. La maestra se sintió incómoda y no sabía qué decir, pero había llegado demasiado lejos como para darse vuelta e irse.

Por fin pudo tartamudear:

- Soy la maestra del hospital y tu maestra me mandó para que te ayudara con los sustantivos y los adverbios.

Después le pareció que no fue una de sus lecciones más famosas.

A la mañana siguiente cuando volvió, una de las enfermeras de la unidad de quemados le preguntó:

- ¿Qué le hizo a ese chico?.

Antes de que pudiera terminar una sarta de disculpas, la enfermera la interrumpió diciendo.

- No...no me entiende. Estábamos muy preocupados por él, pero desde que vino Ud, ayer toda su actitud cambió. Está luchando, reponde al tratamiento. .. es como si hubiera decidido vivir.

El propio niño le explicó luego a la misma enfermera, que había abandonado completamente la esperanza y sentía que iba a morir, hasta que vio a esa maestra especial. Todo había cambiado, cuando se dio cuenta de algo muy importante, con lágrimas de felicidad en los ojos, el chiquito tan gravemente quemado que había dejado de lado toda esperanza, lo expresó así:

- No habrían enviado una maestra para trabajar con los sustantivos y los adverbios a un chico agonizante, ¿no le parece?

Canfiel-Hansen- McCarty

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